lunes, 28 de marzo de 2016

POESÍA POPULAR


Se publicó como artículo de opinión el martes 22 de marzo en el diario El Correo

ROMANCILLO DE LAS MUCHACHAS MUERTAS



En el primer día

de la primavera 
la muerte recoge 
trece calaveras 
para su collar 
de muchachas muertas. 
La muerte no duerme, 
siempre está despierta, 
en los hospitales 
y en las carreteras, 
en las salas solas 
o en salas de espera, 
en los aeropuertos, 
detrás de las puertas, 
la gente se duerme, 
ella está despierta 
recogiendo flores 
y encendiendo velas. 
La gente se duerme 
de cansancio y pena 
pero ella no duerme, 
siempre está despierta, 
siempre está sembrando 
y siempre cosecha. 
Siembra furia y miedo, 
dolor y vuerguenza, 
siembra sobre el agua 
de las barcas llenas, 
la boca del puerto, 
el aire y la arena. 
Siembra la venganza, 
el odio y la guerra, 
tiene adoradores 
que por ella siembran 
y luego recogen 
la amarga cosecha. 
Sin embargo nadie 
la espera en la fiesta. 
Es inexplicable 
su mano doméstica. 
Su juego sorpresa 
no nos lo explicamos. 
Sabemos que llega. 
Es la mano fría, 
la mano despierta 
que derrama el sueño 
sobre las cabezas 
de los conductores 
en las carreteras. 
La gente se duerme. 
Ella está despierta 
en la madrugada 
cuando una luz tierna 
esparce su abismo 
en la carretera. 
Bajo la nevada 
ella está despierta. 
En la playa ardiente 
y en la borrachera 
de fuego y verano 
y en la primavera 
cuando las muchachas 
viajan en primera 
a la dulce nada, 
vientre de la tierra, 
dejando un vacío 
en quienes se quedan, 
la pregunta inútil, 
la inútil protesta. 
La muerte no duerme, 
siempre está despierta. 
Su sombra de plagas 
asombra y aterra. 
Todos los enfermos 
sienten su presencia. 
Los laboratorios 
guardan en probetas 
armas de la muerte 
y armas contra ella. 
Sin embargo apenas 
nadie reconoce 
su cara doméstica, 
la que se confunde 
con alguien que espera, 
la que tiene manos 
que en el sueño enredan 
y fijan los turnos 
y escriben las cuentas 
y han determinado 
el final de fiesta. 
En el primer día 
de la primavera 
la muerte recoge 
trece calaveras 
para su collar 
de muchachas muertas. 
Que todas las flores 
sean para ellas, 
el luto florido 
de la primavera. 
En otros lugares 
sigue la cosecha. 
Los ojos oscuros 
de las niñas griegas 
ven los cuerpos muertos 
de sus compañeras, 
las desconocidas 
que arrastran las aguas 
y empuja la guerra, 
flotando en las aguas, 
dormidas en tierra. 
La muerte no duerme. 
Ufana pasea 
por los puntos negros 
de las carreteras, 
por la oscuridad 
donde la acogemos
tan ambiguamente
al dejar abierta 
la entrada a su sombra. 
Ella nunca ceja. 
Se vale del tiempo 
y la naturaleza 
y de la avaricia 
y de la pobreza 
y de la mecánica 
y de la magnética 
sombra de sus ojos 
sobre la desierta 
luz del horizonte 
de la carretera. 
Los depredadores 
son aficionados 
a la carne tierna 
y la muerte lleva 
de todo en su manto: 
amapolas rojas, 
trece cabelleras 
y becas Erasmus
y muchachas rubias 
y también morenas. 
Que las acompañen 
las flores primeras 
y la niña eterna 
que duerme en el fondo 
de la primavera.

Muertas 13 estudiantes Erasmus en un accidente de autobús en la AP-7 en Tarragona

jueves, 24 de marzo de 2016

LA REALIDAD

Realidad es una palabra que me gusta porque además de referirse a algo que está ahí es también una hipótesis, es siempre una hipótesis, es una de esas palabras que, cada vez que la dices, se ajusta a una de sus definiciones o escapa de ella por algún lado, se estira y se contrae como el espacio-tiempo bajo la influencia de las ondas gravitacionales. La ciencia ha ampliado enormemente nuestra idea de la realidad y la ha desbaratado, hasta el punto de que antes creíamos que la realidad seguiría ahí pensáramos lo que pensáramos de ella, y ahora ni de eso podemos estar seguros. Precisamente la noticia de que en las instalaciones de LIGO, en Lousiana, se han detectado ondas gravitacionales nos acaba de sumergir en un mar de términos y conceptos de física cuántica, un terreno donde la realidad se vuelve irreconocible. Para andar por la vida, sin embargo, nos sirven y nos bastan las ideas intuitivas de lo que es real, más relacionadas con la sociología y con la psicología primaria que con la filosofía o la física teórica: decía Philip K. Dick, el autor de ciencia ficción, que realidad es aquello que no se va aunque dejes de creer en ello. A Einstein se le atribuye la siguiente cita: “la realidad es una ilusión, aunque se trata de una ilusión muy persistente”. Lo cierto es que a Einstein se le atribuyen muchas frases que no son suyas. No sé si esta es una de ellas, pero es una buena frase. La revista americana Philosophy now propuso en una ocasión a sus lectores como pregunta del mes “¿qué es la realidad?”. Los editores seleccionaron una docena de respuestas, todas diferentes. Con frecuencia usamos la palabra “realidad” como sinónimo de lo que Freud llamó “principio de realidad”. Esto tiene más que ver con la definición de Philip K. Dick que con el experimento de la doble ranura que se ha vuelto definitivamente popular gracias a la serie The Big Bang Theory, si no lo era antes. En este experimento (creo que en la serie lo ha explicado alguna vez el famoso físico de ficción Sheldon Cooper) la luz se comporta como ondas o como partículas según el observador esté o no esté presente. Cada rama de la ciencia nos da acceso a un estrato de realidad y cada rama de la filosofía nos da una visión de la realidad. También los medios de comunicación, donde la realidad se nos presenta no sólo como algo que está ahí fuera, sino como algo que está entre todos, como las convenciones, las finanzas, el dinero, que no es nada y lo es todo. Después de viajar con Kip Thorne, experto en relatividad, a un agujero de gusano, la cámara gira y enfoca la calle que tiene un resplandor irreal pero inexorable. Como un alveolo en el mundo físico, a la vez extraordinaria creación de la mente, podemos ver la farsa humana, con Esperanza Aguirre protagonizando La gran dimisión (recurrente película) mientras el frío arrecia en las esquinas. Aunque decidas no creer en él, el frío sigue ahí.

lunes, 29 de febrero de 2016

INTELIGENCIA

Publico aquí bajo el título común de "Inteligencia" dos artículos que salieron en el diario El Correo en el mes de de febrero de 2016 y que están claramente relacionados entre sí. La versión para prensa era ligeramente más breve.
  A LO GRANDE
Somos tantos que todo sucede a lo grande: masacres, migraciones, redes de colaboración para el mal, incluso para el bien. En el precipitado huir de los que escapan de la guerra siria se han perdido 10.000 niños.. No uno ni mil, sino un ejército de niños que pueden estar con sus familiares o con el viejo Fagin, el personaje de Dickens multiplicado en versiones similares o aún más siniestras. 10.000 como los 10.000 soldados de la Anábasis de Jenofonte. Este es el gran déficit cognitivo de los políticos: trabajan con cifras en las que no pueden ver personas. Dice Félix de Azúa que casi todos los políticos son hegelianos. “¿Qué importancia tiene el hambre, el sufrimiento, la prisión del inocente, la sumisión del pueblo a la idiotez, ante el imparable progreso ideológico de la nación” ha escrito Azúa refieriéndose a Nicolás Maduro. Pero si cambiamos “progreso ideológico” por “progreso económico” la frase sirve para otros dirigentes, viejos conocidos nuestros. En todo caso ¿cómo actuar de otra manera con estas cifras? Las masas no tienen cara ni nombre. No así Marvin Minsky, que acaba de morir. Era uno de los padres de la ciencia informática y contribuyó a fundar este mundo en que se discute sobre inteligencia artificial y sobre inteligencia colectiva, que no es la suma de las inteligencias individuales sino algo más del mismo modo que el cerebro no es una mera colección sino una asociación de neuronas. La naturaleza inventó la inteligencia colectiva hace ya tiempo (el enjambre es más inteligente que cada una de las abejas) y ahora que los humanos vivimos conectados a redes de una envergadura antes ignorada se abre la posibilidad de una inteligencia grupal también desconocida. Al fin y al cabo estamos en el antropoceno, la era geológica en que el planeta debe muchos de sus rasgos a la acción de nuestra especie: el cambio climático, la presencia del plástico en cada rincón y en cada ecosistema, extinciones masivas y otros propicios acontecimientos. 
La globalización empezó a a afectar a la propia Naturaleza cuando se comenzaron a transplantar técnicas, cultivos, animales y virus (como el del zika) de un continente a otro. Cuando no había más que grupos de cazadores-recolectores la escala del grupo determinaba el tamaño de su impacto y de sus hazañas. Las matanzas eran pequeñas, las guerras locales, los descubrimientos casi siempre intrascendentes. La matanza más antigua de que tenemos constancia sucedió en Kenia, a unos 30 kilómetros del lago Turkana, donde 27 individuos fueron asesinados hace 10.000 años. En su tumba de lodo fueron encontrados durante el verano de 2012 por un equipo de paleontropólogos, que son gente muy dada a escarbar secretos no siempre agradables, como puede veerse. 10.000 años, 10.000 niños desparecidos en las cloacas de Europa, 250.000 muertos en la guerra de Siria y millones de muertos por guerra y por violencia y por injusticia en lo que llevamos de siglo, de siglos, de Historia. La capacidad humana para matar ha ido creciendo de forma paralela a nuestra capacidad de contar muertos. Del ábaco y el hacha de piedra a la era de las computadoras.

DECÍAMOS AYER
Mito o realidad, en todo caso anécdota apreciada por los biógrafos de Fray Luis de León, es el “decíamos ayer” con que el escritor del siglo XVI reanudó sus clases después de haber estado cinco años en prisión por traducir El Cantar de los Cantares y otros delitos semejantes. Alguien (que si no recuerdo mal era David Torres) recordaba el caso no hace mucho entre otros casos como el de Cervantes, a quien la administración de Felipe II tuvo un tiempito en” prisión preventiva” porque no estaban seguros de si había hecho bien su trabajo de recaudador de impuestos. Alguien (sí, David Torres) lo recordaba para ilustrar cómo ha tratado España a sus escritores a través de los siglos hasta llegar a éste en que se les pone boca abajo para recoger las monedas que caigan de sus bolsillos, aunque sean pocas. Decíamos ayer, es decir, la semana pasada, que la tecnología está abriendo hoy unas posibilidades extrañamente grandes a la creación de una inteligencia colectiva característicamente humana, aunque la inteligencia colectiva (y la locura colectiva) también existían ayer, aunque la naturaleza ya haya inventado otras formas de inteligencia colectiva a lo largo de los milenios. En el famoso Instituto Tecnológico de Massachussets le prestan mucha atención al tema, pero su director, Thomas Malone, avisa de que también existe la estupidez colectiva. Supongo que todo dependerá de lo que se ponga en red, de las reglas del juego y de la capacidad de cuestionarlas. A veces, aunque podría parecer raro, es difícil distinguir la inteligencia de la estupidez porque ésta última adopta la forma de la astucia y de la cuquería. En fin, cuando la inteligencia colectiva y las intrigas viajaban en papel se creaban unas redes lentas, porque el papel lo tenía que llevar alguien por los caminos. Ahora la estupidez, la inteligencia, el mal y el bien viajan por las redes de Movistar y otras similares, y en México, por cierto, a la velocidad de la luz como si dijéramos, o al menos 100 veces más rápido que el WIFI. (El matemático Arturo Campos, a quien ya se apoda el Steve Jobs mexicano, no ha inventado el LIFI pero ha resuelto los problemas de su comercialización y ha llevado ésta a la práctica.) El tiempo se ha vuelto rápido, ayer es la semana pasada y las redes, Internet, la Gürtel o la Pünica, también las redes familiares (ministros del petróleo cuyos hermanos montan negocios en el sector y cosas así) actúan a través del teléfono (móvil), del correo electrónico, de whatsapp. ¿Esto, que ya se hacía ayer pero hoy se hace más rápido, es inteligencia colectiva o lo otro? Como no desarrollemos una conciencia de la especie como patria común me parece que nos iremos al desastre junto con la globalización. Hay también, es cierto, otra clase de redes: las creadas por las ONGs que presionan para extender una cultura de los derechos humanos a todo el planeta y hacerla efectiva. El progreso técnico no asegura el progreso moral. Hubo un tiempo en que se creyó que irían juntos, pero eso fue antes de ayer y desde entonces han llovido muchas bombas.



jueves, 22 de octubre de 2015

Lemmings o leminos


I.
Quiero imaginar que la raza humana está a punto de dar un salto evolutivo, a punto de comenzar a ser una especie inteligente, ya que aún no lo somos, con la inteligencia emocional jugando en primera linea la gran partida que se despliega en el tablero. No hay muchos signos de que vaya a ser así, pero tal vez si escribimos y reescribimos ese guión, el de la inteligencia, o sea, el de la comprensión, estemos dando a nuestra especie la posibilidad de adoptar pautas de conducta que nos alejen de la catástrofe. Por lo pronto nuestras pautas de conducta se parecen a las de los lemmings, especialmente los del mito del suicidio colectivo y los juegos de ordenador. Más conocidos por los juegos de ordenador que por los documentales sobre la Antártida, los leminos han pasado a llamarse lemmings, ya que su presencia en la cultura popular ha irrumpido desde el mundo anglosajón. Da igual que ahora sepamos que no se suicidan en masa. Lo hacen en los famosos juegos una y otra vez. Nosotros somos los leminos y somos el jugador que aprieta el botón, es decir, el gatillo. Este “nosotros” es el enigma de una especie en guerra consigo misma.
Cuando leo la carta de despedida de Oliver Sachs, que ha muerto de cáncer a los 82 años, esa carta impresionante que se publicó en febrero pasado, estoy escuchando la voz de una especie inteligente. También cuando leo la carta abierta que han firmado 20.000 personas, entre ellas Stephen Hawking, Elon Musk y Steve Wozniak, para que no se desarrollen las “armas autónomas”, llamadas de forma más descriptiva “robots asesinos”. En cambio, si me asomo a la web “Guerra fría en Porton Down”, de la universidad inglesa de Kent, o al libro del profesor Ulf Schimdt sobre los espeluznantes experimentos de décadas que hacían el mal en busca de formas químicas y bacteriológicas de hacer el mal a gran escala, si bien la existencia del proyecto de investigación de la Universidad de Kent, su esfuerzo por aclarar y aprender de la oscuridad, es un motivo de esperanza, los datos recopilados y la historia que desprenden no dejan mucho sitio para confiar en el ser humano.
La verdad es que el turismo en Magaluf, la televisión en verano, el resplandor de los incendios forestales, los jóvenes que se tiran de los balcones como lemmings con el cerebro lleno de alcohol y drogas sintéticas, junto a la cortedad de miras de tantas respuestas ante los desafíos de este mundo cada vez más entrelazado en una gran trama común, nos hacen pensar que no, que no somos una especie inteligente. Que los mejores de entre nosotros son pocos y su voz se oye poquísimo. Somos los lemmings reflejados en nuestras pantallas mientras destruimos la Tierra que nos alimenta y nos asomamos a un gran precipicio. Podemos imaginar que pasaremos volando al otro lado. Al fin y al cabo se han inventado las máquinas voladoras. Pero ahora estamos en el capítulo de inventar las máquinas que matan solas.


II.
Permítanme que insista. Somos los leminos, los lemmings de los juegos de ordenador y los de la tundra. También somos las grandes manadas, el recuerdo de las migraciones humanas escritas en el exoesqueleto del planeta, los ídolos quemados en las piras del monoteismo, olas de hordas y de ángeles, los dioses y los monstruos, los vampiros y los santos y, por supuesto, los héroes de Marvel Comics en sus diferentes encarcaciones. La población siria que huye de la masacre, empujada por el Ejército Islámico y por el gobierno de Bashar Al Assad, repite la pauta de los grandes éxodos en busca de la tierra prometida, prometida por el puro instinto de vivir. Si caen al mar es porque el mar está en el camino de la migración. Somos nosotros, los europeos y, en general, los occidentales, los que nos parecemos más a los lemmings del juego. Somos nosotros los que nos tiramos desde los puentes (les aseguro que yo no, pues el miedo guarda la viña y la acrofobia nos mantiene a cierta distancia de los abismos). Permítanme que insista en esta identidad nuestra con los seres que inventamos para poblar el cielo de las mitologías y el universo, siniestro o radiante, de lo fantástico. Esas criaturas que creamos salen de nuestro profundo interior para vivir en el espejo donde nos miramos cuando queremos saber qué somos y qué debemos hacer. Animales, dioses, héroes, celebrities o mamarrachos. Todo vale y todo cuenta. Nuestro espejo, nuestros modelos y nuestros mitos se fabrican y se repiten en los medios de comunicación, en el arte de masas y en la realidad virtual donde se replica y se extiende el mundo. No es indiferente lo que se difunde y lo que se repite, las efigies y los diálogos, la etiqueta de los deseos, la promesa de los premios que moldea las aspiraciones, los fracasos y las exclusiones junto con los triunfos. El espejo tiene vida, aunque no sea vida propia. El espejo nos incita y nos muestra el camino. ¿Qué buscamos en los deportes de riesgo, en las alturas, en la velocidad y la excitación, en los rallies de coches y en las curvas más peligrosas de las carreteras por las que pasan los rallies de coches? Acaso la intensidad que confundimos con la vida, tal vez los tópicos y enormidades de la pantalla, un fragmento del espectáculo continuo, del envoltorio de estímulos, de sugestiones, de sensaciones que es el producto más sofisticado de todos cuantos se nos vende. Que la gente muera tratando de ganarse la vida, de buscarse la vida, de salvar su vida parece natural y ciertamente aspiramos a que no suceda. Y entonces resulta que la gente muere en los parques de atracciones, haciendo “puenting”, viendo un rally de coches en primera fila, como si estuviera obligada a divertirse hasta la muerte.

(Se publicó como dos columnas separadas en el diario El Correo en la última semana de agosto y la primera de septiembre)

lunes, 18 de mayo de 2015

El coche electoral



No es la campaña de la uva, pero sí una especie de recolección. El escritor Felipe Benítez Reyes ha dejado esta frase en Facebook: “Los altavoces de los coches electorales suenan como los de los vendedores ambulantes de melones”. Hace poco, mientras paseaba al perro en una de esas horas fantasma que tienen las ciudades cuando se ponen tontas, veía pasar y repasar un coche electoral que acaso había elegido esa hora para cumplir con su obligación de forma discreta. Era un coche electoral vergonzoso, un poco tímido, que parecía llevar a cabo una tarea vergonzante, quizás porque era domingo, quizás porque estaba ensayando, porque no quería molestar –aún. Las tardes de domingo ya son raras como la paradoja de una rutina excepcional, pero los coches electorales no sé bien qué són. Tal vez un anacronismo, un rasgo de otro tiempo que se cuela en el nuestro, o la manifestación de otro mundo, un mundo secreto y fantástico como el de las Crónicas de Narnia pero que no está poblado por faunos y brujas, sino por cachivaches automáticos y robots de hojalata gigantes. Se ve que no entiendo bien las campañas de recolección de votos, porque estos coches de propaganda electoral me parecen fenómenos incongruentes. ¿Para qué sirven? Nadie en su sano juicio puede creer que van a vender un solo melón o producir un solo voto. ¿Para que sirve poner las caras de los elegibles por toda la ciudad y por las carreteras del campo? En mi ciudad, las caras de los elegibles dan vueltas montadas en el tranvía como en un tío-vivo. Uno de ellos es (lo juro) un personaje sacado de la serie Historias Corrientes (Regular Show). Puede que los otros también, ahora que lo pienso.
Hacer campaña electoral con coches de estos es como hacerla con sofás hinchables, sólo que lo segundo es más inteligente, pues sirve para que el sofá aparezca luego en todos los medios de comunicación con Esperanza Aguirre sentada en él como si estuviera haciendo algo además de posar en actitud de cercanía hacia los ciudadanos, que viene a ser la cercanía mutua que tienen ella y sus votantes de siempre. En él PP se han quedado tan contentos con el sofá hinchable que luego han repetido la estrategia. Podían haber repetido con muñecas hinchables, pero lo han hecho con bicicletas porque ellos son muy ecologistas, les preocupa mucho la contaminación en las ciudades, la diversificación energética, la promoción de medios de transporte alternativos. La campaña, claro, se desarrolla ahí, en los medios de comunicación, en las redes y un poco también en las calles, pero no con coches de venta ambulante. La campaña electoral debería servir para que los partidos nos hagan llegar sus propuestas y sus programas (es lo que dice la teoría, ¿qué teoría?), pero una campaña que se hace con un sofá hinchable tipo chéster, con bicicletas y canciones chungas, con cochecitos que dan vueltas haciendo girar la carraca de sus lemas y sus melodías irritantes no se distingue de las que idean los gabinetes de publicidad para vender crecepelo, jabón o ropa de marca. Si el detergente no lava, si el programa electoral no se va a cumplir, pues no se cumplió nunca, da lo mismo. La publicidad de un producto que es total o parcialmente creación de la propia campaña se resuelve en un esfuerzo cerrado, frívolo y excitante. 
Lo malo son esos coches como piezas rezagadas que se han quedado dando vueltas por la ciudad. Por ellos se ve que el teatro del absurdo no murió con el siglo XX. Fito Cabrales, que es músico y no político, ha dicho refiriéndose a las elecciones que “hace falta que suceda algo”. Hace falta, al menos, que se vaya ese cochecito terrible que no para de dar vueltas sobre su propia música irritante. Ay, si los jabones empezaran a lavar y no nos vendieran estampitas en el tenderete del gran toco-mocho... Eso ya sería fantástico, una revolución silenciosa, interna, definitiva. Pero igual es que preferimos comprar el envoltorio en lugar del producto, igual es que ya ni distinguimos los productos de los envoltorios. 

Lamia Bi



lunes, 11 de mayo de 2015

Seguiremos así

 











Ayer fue un día de verano.
Hoy es la niebla.
El otoño sucede al verano
dentro de la misma primavera.
Nada cambia los turnos de trabajo,
nada cambiará los tiempos de los semáforos
hasta que lleguen los vendavales,
el estupor de la inundación.

Os veo cruzar la calle
como si pensarais
que nada de lo que hacen los árboles
tiene que ver con vosotros,
como si creyerais
que los árboles no hacen nada.
Seguiremos asi hasta que lleguen
los vendavales,
el estupor de la inundación.




martes, 5 de mayo de 2015

Naturaleza... humana




Después de la Primera Guerra Mundial los alemanes tenían muchos problemas económicos pero no suficientes trabajadores extranjeros a los que echar la culpa. El genio inventivo humano y el fantástico torbellino de la historia encontraron la solución. Lo que sí tenía Alemania era un buen número de ciudadanos de ascendencia semítica y religión judía porque en el pasado había sido una tierra tolerante hacia las minorías religiosas. Abrazando con pasión germánica el viejo antisemitismo europeo los nazis empezaron a servir el chivo expiatorio según diversas recetas. No hemos escarmentado y quizás no lo hagamos nunca. Un partido tan civilizado como el de Rajoy y Cospedal juguetea con la idea de que los extranjeros vienen a España a llevarse las ayudas sociales a sus guaridas mientras los cientos de casos excepcionales que dibujan el mapa de la corrupción se lo llevan crudo a las guaridas del dinero. En toda Europa la gente escucha atentamente a quienes les dicen que los extranjeros vienen a quitarles el trabajo. Es una suerte que al sur de los Pirineos tengamos a Pablo Iglesias y no a un Adolf Hitler celtíbero disfrazado de Viriato subiendo en las encuestas como Marine Le Pen en Francia (en Francia, el que más se parece a Hitler es Jean Marie Le Pen, pero la que sube en las encuestas es Marine).
Esta idea de ir a por la tribu vecina cuando escasea la caza debe de estar integrada en la circuitería genética y es una tendencia tan sólida que ha dado lugar a culturas enteras basadas en la guerra, el saqueo y la rapiña. En la web de Radio 4, pero de la BBC, hay un programa de historia de las ideas (de esos que ya no son posible en RNE) donde se puede escuchar la voz de Carl Jung. Impresionante. Estos ingleses tienen grabada la voz de Jung y la voz de Jung dice: “Necesitamos más psicología, necesitamos más comprensión de la naturaleza humana porque el único peligro real que existe es el hombre mismo. Sabemos muy poco de la naturaleza humana, apenas algo más que nada”.
Los vikingos volvían a casa con el botín, los antiguos romanos ampliaban el territorio del Imperio en busca de los recursos que necesitaban y los nazis estaban obsesionados con ampliar el “espacio vital”. Cuando Hitler hubo ensayado bastante en su espacio doméstico fue a por los vecinos, que tenían territorio y cuentas bancarias. La existencia de una naturaleza humana común encuentra en esta conducta uno de sus más sólidos hilos conductores. Si el que puedes considerar diferente está en tu barrio o en el barrio de al lado y es dueño de un bazar o de una sastrería resulta mucho más fácil ir a por él que si hay que cruzar la frontera. Es lo que están haciendo los sudafricanos. El país va mal, así que ellos van a por los nigerianos, los somalíes, los mozambiqueños y los paquistaníes. La tribu y el territorio, dos conceptos de raíz biológica que ayudaron a sobrevivir a nuestros antepasados, podrían ser, si seguimos así, la estupidez definitiva.

lunes, 27 de abril de 2015

Adjetivos. Un artículo de 2014


Es una pena que los adjetivos se conciban como un adorno y se usen para que el tópico insustancial se haga presente junto al nombre. Es una pena porque es penoso. A veces parece que el lenguaje de la publicad es todo el lenguaje, a juzgar por la frecuencia con que las playas son paradisiacas, los recuerdos entrañables, los marcos incomparables y los caldos exquisitos. El lenguaje de la publicidad tiende, en efecto, a ser todo el lenguaje, a invadirlo todo. Para ello debe matar al adjetivo, matar su poder de establecer relaciones o de detectar relaciones entre partes de lo real, su capacidad de entrar en la complejidad viviente de lo real. Cuando aparece antepuesto al nombre, como si fuera un epíteto, el proceso se ha completado y la palabras en cuestión ya no aporta nada: así las vacaciones merecidas pasan a ser merecidas vacaciones, es decir, vacaciones a secas pero con un pegote antepuesto que alguna vez quiso decir alguna cosa.
El adjetivo no es un personaje inocuo que aparece brevemente en escena, saluda y se va, sin consecuencias. El lenguaje nunca es inocente. Cuando el adjetivo carga las frases con los topicazos, cursis o tremendos, de una realidad hecha para que no se vea lo real, está siendo cualquier cosa menos inocente. El adjetivo es especialmente útil para convocar en una fórmula sintética esa afición que tiene lo real por las contradicciones y las paradojas. La realidad está siempre combinando y mezclando cosas, incluso en combinaciones que parecen imposibles. 
La realidad social hace eso. Y hace cosas que no vemos, pero aquello que está fuera del alcance de la vista a veces lo está por ser muy pequeño, como los diez elementos químicos que se han descubierto desde que Rubalcaba dejó la enseñanza, o por ser muy grande, como la galaxia en la que estamos incluidos según todos los indicios. Además hay muchas cosas que simplemente están fuera de nuestro foco de atención mientras los adjetivos saltan por los suculentos manjares y por todos los espectaculares espectáculos del mundo hecho espectáculo a 24 dólares la entrada si se trata del mausoleo del 11S (nos lo contaba Mercedes Gallego en el diaro El Correo). 
La política misma, que es una cosa intrínsecamente pública, tiene un extenso lado invisible, como cuando Europa y los Estados Unidos de América negocian ese tratado comercial del que se habló antes de las últimas elecciones europeas y ya no se habla y nada se sabe, aunque cuando sea misteriosamente aprobado condicionará nuestras vidas. 
Quizás de lo que se trata es precisamente de mantener oculto el origen de los marcos económicos, jurídicos etc que crean las condiciones de la prosperidad o de la ruina, de la libertad o la opresión, para que pensemos que son naturales, inevitables, insoslayables, como los adjetivos que siempre están ahí porque los demás adjetivos han sido retirados de la circulación, porque ya no hay otros.

Lamia y fuego




miércoles, 22 de abril de 2015

Voces. Un artículo de septiembre de 2013


Oigo voces. Pongo la radio y oigo voces, pongo la tele y oigo voces, leo los periódicos, los tweets de mis amigos, y una voz los lee en mi cabeza. La voz de mi cabeza lee las lineas de su monólogo interior. La blogosfera está llena de opiniones; las páginas de información, llenas de declaraciones. Cristiano Ronaldo ha dicho que en la vida hay cosas más importantes que el dinero, pero mi voz interior ha replicado que sin duda las hay para él, puesto que el dinero no es algo por lo que tenga que preocuparse. Javier Cercas ha dicho que el derecho a decidir es un engaño urdido por una minoría para imponer su voluntad a una mayoría, y he pensado en los lugares donde te parten la cara si sueltas esa frase, así que igual tiene razón Javier Cercas, y eso lo digo yo que no estoy para nada en contra de los referendums o referenda o como se diga. Ahora que la “vía catalana” suena más que la Vía Láctea y por supuesto mucho más que la Vía Apia, hay voces en el País Vasco que inauguran un viejo camino. «Con toda la humildad, pero alto y claro, trasladamos el llamamiento a emprender la 'vía vasca' porque nuestro pueblo lo pide» ha dicho Pernando Barrena. Pernando Barrena oye “la voz del pueblo”. A ver, oir ciertas cosas no está al alcance de todo el mundo. Quizás los emperadores de la antigüedad oían la voz del pueblo romano y es sabido que Hitler oía la voz del pueblo alemán, pero un político corrientito sabe lo que le dicen las encuestas, las peticiones con recogidas de firmas y los resultados de las elecciones. Las voces que yo oigo son menos épicas. Aparte de escuchar esa voz que siempre va conmigo (algo así decía Antonio Machado) escucho lo que la gente dice en la parada del autobús, lo que dicen los muertos que dejaron algo escrito y publicado, lo que dice Rajoy cuando dice algo, lo que dice Rubalcaba sobre la solución federal, lo que dicen que dirá la Troika (uy, qué miedo), lo que dicen que dice la juez Alaya, lo que dicen Urkullu, Ortuzar y López después de firmar el pacto entre el PNV y el PSE para asegurar la gobernabilidad de Euskadi, lo que decía el periodista Manu Álvarez ayer cuando escribía que “la reforma fiscal que han pactado (...) PNV y PSE da un tajo a las aportaciones a los planes de pensiones, a la deducción por adquisición de vivienda habitual, a los rendimientos obtenidos del ahorro, a la exención de las indemnizaciones por despido y a la deducción para los mayores de 65 años (…) Pero, sin embargo, no hace ni mención a la posibilidad de retocar el régimen especial que tienen los políticos vascos, que deducen de su base imponible la totalidad del dinero que entregan a sus partidos.” Oigo todas estas voces y muchas más. Son demasiadas. Hasta oigo a mi ordenador leyendo “Abril es el más cruel de los meses” en inglés, con acento británico. Y ni siquiera estamos en abril.

martes, 24 de marzo de 2015

Puertas giratorias


El profesor Antonio García Berrio en sus libros de teoría literaria ha definido lo que él llama “esquemas de orientación y espacialización imaginaria”. Antes de mayo de 2014, o sus vísperas, el discurso político que resonaba a nuestro alrededor era algo estancado, una especie de tensión inútil lo mismo que el hombre (es decir, la especie humana) era una pasión inútil para Sartre. Desde esa fecha o por ahí se ha hecho más dinámico y se ha orientado mejor en el espacio. Ya no tenemos sólo el eje izquierda/derecha, que había adquirido una fijeza de habitación reflejada, ahora tenemos el eje arriba y abajo, que es claro y evidente para cualquier peatón del mundo, y que no pertenece sólo al título de una famosa serie de televisión británica de los años 70. Ahora tenemos discursos que ascienden y levantan, frente a los discursos que se mantienen y se sujetan, pero además tenemos metáforas espaciales que encajan en la realidad como una llave en su cerradura, y tenemos más lugares imaginarios por los que conducir nuestra visión de la actividad social y política.
El espacio y el pensamiento están íntimamente ligados, enredados como el cuerpo y el cerebro. El investigador Daniel Wolpert, que es ingeniero, médico e investigador en el campo de la neurobiología, afirma que la única razón por la que la naturaleza ha dado lugar al cerebro es la creación de movimiento adaptativo y complejo. El cerebro nace de la necesidad de movimiento dirigido en el espacio, de la necesidad de interactuar con el medio a través de ese movimiento, de la posibilidad de ejercer una influencia sobre el exterior. Eso lo saben bien quienes han puesto en circulación la imagen de las “puertas giratorias” y quienes usan los caminos circulares entre la administración pública y la empresa privada, entre la empresa pública y la administración privada, que eran sobradamente conocidos pero que ahora se ven de otra manera: mal y en forma de puertas giratorias. Estas puertas y el clientelismo forman una gran estructura orgánica que mirábamos como se mira la fatalidad. Lo ha dicho Manu Álvarez, corresponsal económico del El Correo, al comentar el “caso Kutxabank”. En menos de una década (o sea el tiempo que llevamos metidos en esto que se llama crisis económica) hemos pasado de ver estas “actuaciones casi con complacencia –como si fuese un mal inevitable–” a verlas con mucha, pero mucha “suspicacia”. El pensamiento tiene a menudo forma espacial, de lugar o de trayecto, de aproximación o de distancia, pero ninguna otra cosa puede expresar ese ir y venir, ese entrar y salir, ese subir y bajar que no sean las escaleras y los pasillos, las habitaciones, los ascensores y las puertas. Sobre todo las puertas, y más si giran y giran y giran...

(Este artículo se publicó en el diario El Correo el 10 de marzo de 1015)

lunes, 23 de marzo de 2015

Mural en un túnel



Esto es un mural en un pequeño muro, hecho con técnicas de collage y claroscuro, imágenes recortadas, videos que recomienzan sin fin, las caras de los ministros de Rajoy en un monte Rushmore de plastilina, arte pop y dibujo con espray negro sobre el azulejo amarillento del túnel. Es un muro en una estación por la que pasa un río de personas, es una pantalla de pantallas. Esperanza Aguirre desarrolla su show Aló Espe en un recuadro que desaparece de un sitio y aparece en otro y vuelve a aparecer siempre a la hora de los informativos. La exministra Ana Mato acude a un juzgado a recoger el auto del caso Gurtel y es abucheada por un grupo de preferentistas. Álvaro Lapuerta, tesorero del PP antes que Bárcenas, acude a un juzgado a recoger el auto del caso Gurtel, le rodean los preferentistas (no es que quieran estrecharle la mano). Jesús Sepúlveda, el ex de Ana Mato, sale del juzgado; Miguel Blesa sale del juzgado (otro juzgado o el mismo) y los preferentistas los quieren linchar (a ambos). Extraño país este que ha dado origen a un colectivo de personas llamado “preferentistas” donde “preferentista” quiere decir “estafado con acciones preferentes”. 
Pero sigamos con nuestro mural (mirándolo o haciéndolo): hay fotos del expresidente Aznar con Bush y con Blesa y fotos del presidente Rajoy con todo el mundo y fotos del pequeño Nicolás. También hay frases y pintadas.  

Titulares: 

El PSOE presenta la reprobación de Montoro por 'falta de colaboración con la justicia'

El bono social de la tarifa eléctrica deja sin protección a 22.600 usuarios en un año

26.500 familias perdieron su vivienda en 2014

Anticorrupción investiga un contrato a dedo al despacho que fundó Montoro 

 Tribunal de cuentas estudia un alquiler que firmó Alonso

Hay una tira cómica no demasiado cómica en la que se ve una figura que sale de la sombra hasta que le ilumina la luz plenamente y entonces comprobamos que va cargado de armas: es el ministro Pedro Morenés, ese caballero tan fino. Por otro lado se ve también también a Francisco Granados, ese caballero no tan fino. No falta la famosa foto de Alberto Nuñez Feijoo, actual presidente de la Junta de Galicia, con el narco Marcial Dorado en un yate, ni el ático de Ignacio González. No falta Rodrigo Rato haciendo sonar la campana de Bankia. No falta el entrañable José Antonio Monago jugando al pádel en el anfiteatro romano de Mérida. En una puerta giratoria bien grande está el ministro Luis de Guindos representando un viaje temporal que conecta el gobierno de Aznar y el de Rajoy, Lehman Brothers y la función pública, Renfe, Endesa y el ministerio de Economía.
  
Más titulares: 

Hacienda reclama 17.000 euros a un niño de cinco años tras el suicidio de su padre


Una mujer de 43 años se suicida en Antsoain tras no poder renegociar su hipoteca


Hay dibujos expresionistas bastante siniestros en los que se reconocen caras como la del comisario Villarejo o la del coronel Lezcano-Mujica. 
Lo peor, pues este mural ya es malo en sí mismo, es que no es más que uno de tantos y todos juntos forman un mural mucho más grande y pavoroso.

(Se publicó en el diario El Correo el día 17 de marzo de 2015 una versión ligeramente más corta y con dos titulares menos)

miércoles, 4 de marzo de 2015

Las chicas del club nocturno





Las chicas del club nocturno salen a veces
de dos en dos, de una en una,
al día que se estrella en sus gafas de sol.

Van a la oficina de correos o al supermercado,
van a mandar dinero a sus lejanas
familias de lejanos
países.

Van a la compra, visitan a un cliente.
Hablan por el móvil. Regresan de una cita.
Recogen el almuerzo en el bar.
Recogen el vestido en la tintorería.
Luego vuelven
a la calle, a la puerta, al piso,
al tramo de escaleras
que desciende.

Las chicas del club nocturno salen al día
poco y por turnos.

Hoy ríen, felices de verse así, casi libres
durante casi una hora.

A su alrededor, todo el tiempo del mundo
se compra, se vende.

Algún idiota las mira
con aire de superioridad.

miércoles, 11 de febrero de 2015

La lista Falciani y la vida del dinero


Qué bien vive el dinero en el mundo encantado de la magia financiera y en los paraísos donde tiene su residencia, lejos de las sucias manos de los desharrapados que con frecuencia tienen su residencia a la intemperie. Allí huelga y engorda dulcemente. Hay algo en la naturaleza humana que tiende a la acumulación y la desmesura. Habría que habilitar mecanismos sociales para que esta tendencia no se nos fuera de las manos, pero en general se hace exactamente lo contrario. Algunos miles de los muchos millones de euros que suma la lista Falciani proceden de España, donde el Estado no consigue recaudar lo necesario para ofrecer buenos servicios sociales. Es lo que nos dicen. Que no hay dinero. La idea es que hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades pero sobre todo en cuanto a servicios públicos. No nos podemos permitir ni la Sanidad que teníamos, que ya era muy mejorable, ni la que tenemos ahora, y por eso hay que hacer que encoja y que dependa de ciertas empresas privadas, aunque oímos decir todavía que es la mejor del mundo, y se ve que por eso la están cambiando, para que no sea la mejor del mundo, que es algo que no nos corresponde (pregunten a la señora Merkel).
Es imprescindible, nos dicen, que el Estado invierta menos en educación, en investigación y en ayuda a la dependencia. Bueno, eso nos decían al principio de la legislatura, ahora nos quieren hacer creer que ni se gasta menos ni se muere la gente en las listas de espera. Entonces sale a la luz la lista Falciani y el ministro Montoro nos recuerda que eso es viejo, que es un viejo material de pufos antiguos, fortunas ya amnistiadas y viejas trampas legales. Pero en realidad es un registro de los últimos años donde se hunde con estrépito (y muchos daños colaterales) el argumento en favor de la desigualdad según el cual cuando los que más tienen ganan sin tasa y tienen oportunidad de ganar más se produce enseguida, por virtud de una misteriosa e irrefutable ley económica, un efecto beneficioso para la sociedad entera en forma de creación de empleo.
La lista Falciani, que es sólo una de entre todas las listas posibles de fortunas legales e ilegales, es la demostración de que en el mundo existe más riqueza de la que sus dueños podrían gastar en varias vidas y que, sin embargo, esa riqueza no crea empleo, sino que, apocada y pudibunda, se recoge en las sombras para no ser vista. Estudiando a través de la lista Falciani los hábitos de las grandes fortunas resulta que estas tienden a recluirse en las prisiones de lujo de la banca suiza donde no puedan ser de utilidad a nadie, ni siquiera a sus dueños, pues a partir de un determinado número de cientos de miles el dinero ya sólo sirve para ser acumulado. ¿Para qué quiere tanto dinero esta gente? Básicamente para que no lo tengan otros. Por eso el dinero se va a Suiza, a Andorra y a donde haga falta para no pagar impuestos. Hay quien incluso se marcha él mismo a Suiza y fija allí su residencia (o al menos eso dice) con tal de no contribuir a que los ciudadanos de su país tengan buenos hospitales, protección social y escuelas para sus hijos. No habrían dejado de ser asquerosamente ricos si hubieran pagado a Hacienda (unos miles o millones menos no habrían afectado a su tren de vida) pero ellos, nos explica la lista Falciani a través de los periodistas que la analizan y escrutan, enviaban sus fortunas a los exclusivos internados donde se las mantenía ocultas para mantenerlas intactas. Allí se codeaban con las fortunas de las estrellas del pop y los tiranos, los traficantes de drogas y de armas, los señores de la guerra y los jefes del terrorismo internacional.
No todos los que tienen cuentas en Suiza las mantienen allí eternamente ociosas, pues algunos las utilizan para comprar bombas y carros de combate, y tampoco todos ellos han quebrado la ley: es perfectamente legal tener dinero en Suiza. Pero ¿quién querría llevarlo allí si no es para eso que se resume en la frase “defraudar al fisco”. Seguramente con los impuestos que no han pagado los españoles que tienen su dinero en la filial suiza del HSBC (sobre todo los que con el sabio consejo del banco se lo han llevado a paraísos fiscales más exóticos y aún más impenetrables) se podría comprar mucho Sovaldi y hasta pisos para alojar a quienes no tienen casa, aunque si luego Ana Botella se los vende a un fondo buitre no habremos adelantado gran cosa. Según Álex Madariaga, de ATTAC Cataluña, sin evasión fiscal el Estado español tendría superávit, pero las sanciones a los defraudadores millonarios son de risa y los Gobiernos no se emplean a fondo en la tarea conjunta de eliminar los paraísos fiscales. Al señor Montoro le tiene que poner una lista de evasores delante de las narices para que los vea. Es que meter en vereda a las grandes fortunas da algo así como vértigo. Cuánto más fácil es cortar y recortar los servicios públicos y exprimir un poco más las rentas del trabajo, que esas no pueden irse a Suiza y menos aún a las Bahamas.

viernes, 30 de enero de 2015

Día de Reyes de 2015


 
















"La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). El friso de la imagen está decorado con mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes. Esta procesión está conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se pueden leer tres nombres, de derecha a izquierda: Gaspar, Melchior, Balthassar..." Imagen y texto de Wikipedia

Día de Reyes
Artículo publicado en el diario El Correo el 6 de enero de 2015
Para los reyes del mundo todos los días son días de Reyes. Los reyes del mundo no llevan corona ni andan por ahí gritando “yo soy don Juan, emperador de todos los reinos del mundo” como el delirante personaje de Lobo Antunes. En cambio hoy, sólo hoy de entre todos los días del año, es día de Reyes para unos cuantos millones de currelas de unos cuantos países de habla hispana, siempre que sean currelas en ejercicio, es decir, currantes, y siempre que no pertenezcan al crecido y aún creciente grupo de trabajadores que, a pesar de trabajar a jornada completa, son pobres, a veces demasiado pobres. Pues como el mundo no sólo es injusto sino además cruel, los Reyes Magos no visitan las casas de quienes no tengan ingresos suficientes para costear la visita. Es verdad que existen unas medidas paliativas para suavizar este efecto de la organización o desorganización social, pero los regalos caritativos no llegan a todos los hogares en los que la calefacción ya no se enciende, y en el ancho fondo donde subsisten los que nacieron en la carencia de casi todo no hay suelo fértil para cultivar ninguna posibilidad de mejora, ningún fruto que llevarse a la boca o a la inteligencia, ningún regalo de reyes. Los reyes de la casa de una parte de la clase media española se han visto destronados cuando sus padres perdieron el empleo mientras los servicios sociales destinados a menores se reducían casi un 15% desde 2010. Unicef da una cifra de 2,3 millones de menores por debajo del umbral de la pobreza para el reino de España, donde los Reyes Magos, más por magos que por reyes, nos han traído esa otra cifra, la que publicó ayer el Gobierno para alegrarnos la noche y poco más con su punzada de optimismo: 253.627 parados menos nos ha dejado 2014 y un total de 4,4 millones de personas inscritas en las oficinas de empleo. De quienes no buscan empleo porque ya desesperaron no dicen nada las estadísticas. En este país de países y en los diferentes países por los que se reparte el paisanaje los recursos que quedan después del encogimiento de la economía y de las fugas de capital ya sólo dan para alimentar las redes clientelares, que al fin y al cabo tienden a comérselo todo. Fuera de ellas hay vida pero no mucha esperanza. Sin embargo, quienes se han quedado dentro de la red donde se trabaja y se vive han decidido volver a esquiar, pues oyen decir cada día que ya no se pierde empleo sino al revés, y si han conservado el suyo hasta ahora empiezan a pensar que podrán conservarlo de aquí en adelante. El país, sus países y paisanos, abren hoy su regalo de reyes. Nadie encuentra lo mismo dentro del paquete y a los Reyes Magos les robaron ayer 700 kilos de caramelos en Durango, pero no en Mexico sino en Euskadi, donde también se roban caramelos y se cuecen habas en el roscón de Reyes.